miércoles, 19 de marzo de 2014

Carpe diem 2.0

El otro día me di cuenta de que en dos meses cumplo 28 años. Eso me hizo pensar en mí mismo, en mi vida. Como cualquiera, supongo, también tengo miedo al paso del tiempo. A envejecer. Al final ineludible que siempre llega. Pensé en lo que quizá debería ser y en lo que soy. La sociedad me dice que a esa edad debería tener un buen trabajo, estable, tal vez estar casado, esperar el primer hijo. Puede que incluso tenerlo. O, al menos, tener una relación estable. Ahí quedan los parámetros sociales. Esa espada de Damocles que es el bisturí social al que, de una forma u otra, todos estamos sometidos.

Luego, claro, me tocó analizarme. Nada de psicoanálisis, con un simple vistazo por encima fue suficiente. Ni tengo un trabajo asociado a lo que he estudiado ni novia formal ni algo semejante a ganas de formar una familia. Soy camarero, hace poco empecé un nuevo trabajo, vivo en el exilio londinense. Las mujeres vienen, en ocasiones se quedan un tiempo pero, tarde o temprano, siempre se marchan. A veces con una sonrisa en los labios, otras con un simple portazo.

Me imaginé a mí mismo embutido en un traje, yendo a la oficina, al periódico de turno o a un colegio. Me imaginé una casa con niños, una esposa que me esperara con una sonrisa en los labios. Me imaginé haciendo eso durante los próximos treinta años. ¿Sabéis qué sentí? Ganas de pegarme un tiro. Nada de eso va conmigo. Lo mío es acabar en un ático neoyorquino, rodeado de libros, escribiendo novelas día y noche. ¿Un sueño imposible? Tal vez. Pero uno debe perseguir sus sueños. Siempre, sin desfallecer. Tampoco hay prisa.

¿Soy feliz? Me pregunté. Sí, lo soy. Sin dudarlo. Siempre echas de menos cosas. Amigos, familia. Algunas pieles, ciertos ojos verdes. Lo llamo La melancolía del escritor. Si no hay nada a tu espalda, nada por lo que mirar atrás y suspirar, ¿para qué escribir? Lo importante, creo, es mirar adelante, sobrevivir y disfrutar del día a día. El mañana, bueno, no conviene descuidarlo, pero es demasiado intangible, vacilón, peligroso. Uno no puede vivir pensando en el mañana porque, sencillamente, puede que nunca llegue.




¿Entonces? Entonces llegué a una conclusión muy clara y contundente. Mi respuesta a todo esto es que la sociedad se puede ir a la mierda. No me interesa su oferta. Puede que alguien sea feliz con la que debería haber sido mi esposa. Que tenga los que deberían haber sido mis hijos. Me alegro por él y le estoy muy agradecido por liberarme de semejante responsabilidad. Si un día nos conocemos, no dudaré en invitarlo a una cerveza.

1 comentario:

  1. A lo que yo me pregunto y planteo, ante la escritura la siguiente pregunta (very important!!!):
    Ser fanático o No serlo.
    Esto es, escribir novelas días y noche o a ratos/horas. ¿Qué hacer?
    Yo ya he optado por la segunda.
    Un abrazo.

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