sábado, 21 de diciembre de 2013

El chico gris

Un relato triste para estos días felices. No es por fastidiar, lo prometo. 



El chico gris


Los recuerdos se acumulan, ansiosos por conseguir sus cinco minutos de gloria. Toda una vida resumida en imágenes sueltas, quizá distorsionadas por el paso de los años. Treinta años dan para mucho, sobre todo cuando eres un superviviente, un tipo que se ha hecho a sí mismo y que, cuando ha tenido que saltar al vacío, lo ha hecho sin dudar, por muy oscuro y profundo que fuera el abismo. A veces, además, ha estado dentro del pozo, sabe bien lo que se siente, abandonado en la oscuridad, solo, sepultado por toneladas de silencio y torturado por la luz de la esperanza que se intuye a lo lejos, por la rendija sin cerrar de la boca del pozo. Una salida inalcanzable en ocasiones y otras, sencillamente, al alcance de la mano. Un saltito, un débil empujón y estás fuera. Hoy no es ese día.

El agua empieza a estar fría y el traje de marinero luce raro. Le queda corto, muy corto pero, sorprendentemente, de talla le está bien. Es decir, se ajusta bien a su cuerpo. Eso, veintiún años después (porque, si mal no recuerda, hizo la comunión a los nueve) es impresionante. En unos cinco minutos habrá de tomar la decisión. Saltar o quedarse en el fondo, esta vez para siempre. Sólo el timbrazo del teléfono puede sacarlo de ahí, hacerle olvidar los últimos tiempos, las circunstancias que le han llevado a estar en esa bañera, embutido en su traje de la primera comunión y con una pistola en la mano. En cinco minutos, sus sesos se desparramarán por la sala y el abismo será su único hogar. Lo encontrarán días después, cuando su cuerpo empiece a oler. Qué dirán cuando lo hallen en tales circunstancias ni lo sabe ni le interesa. A fin de cuentas, él ya estará muerto.

Lleva un rato preguntándose por qué, pero hay millones de respuestas para elegir. Casi desde el principio de sus días. Una infancia marcada por la muerte de sus padres en un accidente de coche, compañeros de colegio que eran unos verdaderos hijos de puta, una adolescencia turbulenta salpicada con drogas y mujeres a partes iguales –a veces hay una simbiosis perfecta entre ambas–, años de peregrinación de un trabajo a otro, de un país al siguiente para, al final, regresar al hogar. Un hogar que nunca existió. Nada en la vida le ha durado demasiado tiempo, como tampoco le va a durar, valga la redundancia, su propia existencia. Treinta años dan para mucho pero, en el fondo, no son nada. El pestañeo de una estrella.

Si tuviera que representarse en una postal, la fotografía lo mostraría a él sentado en un banco, fumando. De fondo, el bullicio de la ciudad, risas, parejas de enamorados –una buena fotografía también capta los sonidos, siempre lo ha pensado–. Luz. Él, sin embargo, aparecería representado en gris. Siempre ha sido un chico gris. Nunca destacó en nada, más allá de su propia supervivencia. Para eso tenía una gran capacidad. Salir adelante, a pesar de los mil y un reveses, de las pocas oportunidades, de las lágrimas y dificultades. El pozo, la oscuridad, el goteo de agua intermitente. Su vida ha sido como un largo día de niebla o como un campo de sillas vacías donde, cada cierto tiempo, aparecía un oasis o alguien dispuesto a sentarse. Por lo general, con nombre de mujer. Ellas, sus cuerpos, son los únicos dioses que conoce y ha conocido. El último, el de Carmela, era el más hermoso de todos. Suave, terso, curvilíneo y con una apariencia de fragilidad que alimentaba el deseo y las ganas de acariciarlo, besarlo y, por qué no, hacerlo suyo. 




Desde que dejó de ver las braguitas colgando de su tendedero, el pozo se instaló en su vida con más fuerza que nunca. Cuando descubrió la razón, la rendija se cerró para no volver a abrirse. Carmela, cansada de la inutilidad, del carácter taciturno del hombre que amaba, decidió largarse con el típico gilipollas de traje, sonrisa blanqueada y maletín de cuero. Un banquero, un corredor de bolsa o vete tú a saber. Para él no es más que el gilipollas que se llevó a su chica. El clavo ardiendo donde se sostenía su nublada existencia.

El agua está helada, el tiempo ha terminado. Mira una vez más la foto de Carmela, sus ojos vivarachos, llenos de vida. En el fondo, no podía funcionar. Lo supo desde el primer día. El chico gris no se merecía una mujer como ésa. Demasiada suerte tuvo de poseerla alguna vez, supone. Nota la piel arrugada, el pecho agitado, la adrenalina disparada pero, de alguna manera incomprensible, también está sereno. Tranquilo como si pegarse un tiro en la sien fuese el siguiente paso marcado por su destino, ineludible e imposible de saltar. "Chaval, ha llegado el momento, déjate de mariconadas. Tú siempre has sido un tipo valiente, un luchador. El barro no tiene ningún misterio para ti, sabes muy bien cómo huele".

¿Entonces, a qué espera? A una llamada de teléfono que, por desgracia, no llega. Cansado de retrasar el momento, se lleva la pistola a la sien, cierra los ojos, acompasa la respiración, evita los recuerdos, trata de ignorar los recuerdos que se acumulan en su mente y, con la fuerza con que se aprieta el interruptor de la luz, el gatillo cede y la gris existencia de un tipo gris sin nada que ofrecer al mundo llega a su fin, como tantas otras que llegaron y llegarán.



… El teléfono suena, da cinco timbrazos. Pero ya no hay nadie para contestar.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Cambios.

Uno tiene que moverse siempre. Si te acomodas y apalancas corres el riesgo de hundirte en la rutina. La vida es un continuo cambio y hay que tomársela como tal. A vivir, que son dos días. Yo he cambiado muchas cosas en los últimos meses: de vida, de país, de condición económica, de idioma, de compañía de tecnología... Ahora me muevo con Apple y, sea dicho de paso, estoy muy contento con sus productos. El Iphone no me entusiasma mucho, demasiado parecido a cualquier móvil Android actual; pero el portátil me tiene enamorado. Se enciende en veinte segundos y se apaga en, literalmente, dos. Vamos, una gozada.

De lo que no cambio es de estilo literario. Sigo con mi surrealismo. Eso sí, me noto algo más maduro. No tanto en la forma de escribir, la cual tengo ya bastante interiorizada y me sale sola, sino en la forma de tratar los diálogos y los personajes, quizá mi gran asignatura pendiente. Ahora hay melancolía en ellos, un regusto amargo a su alrededor, algo que siempre quise y nunca terminé de conseguir. Del proyecto actual he alcanzado las 30.000 palabras y todavía no sé hasta dónde va a llegar. Espero que lejos. Estoy pensando qué hacer con ella. Quizá pruebe en algún que otro concurso. O no. Ya veré.



Mi periplo londinense también va viento en popa. Estoy completamente adaptado, mi inglés es bastante potable (dejemos el adjetivo bueno para dentro de seis meses) y, aunque trabajo bastante, tengo tiempo para mí, para mis libros, lecturas y gimnasios. Por ahora estoy bien de camarero aunque quizá en no mucho tiempo busque algún curro en una librería o algo semejante, por cambiar de tercio por completo y dejar atrás la noche londinense. Así podría disfrutarla más como customer que como currela.

Poco más que añadir. Sigo colaborando con Elretroconsolero, por si os apetece leerme más en mi faceta periodística, que es lo que de verdad soy, más allá de mis novelas. Como homenaje me he comprado un cover trasero para el Iphone que representa el mando de una Nes. Para qué os voy a engañar, me encanta.

Como despedida os dejo un breve fragmento de la novela:

Eduardo tamborilea con los dedos sobre el volante. Ya lo está haciendo otra vez, metiéndose de lleno en la piscina de su existencia. Sin embargo, de alguna forma inusual se siente reconfortado hablando sobre sus recuerdos con ese niño de doce años escondido bajo una máscara de caballo. Piensa en Lucía, en la bonita forma de su nariz, en su sonrisa amplia y vital, en sus ojos traviesos. A pesar de la traición cometida, aún la recuerda con cariño. Con el tiempo, los buenos recuerdos arrastran a los malos y los entierran al fondo, ganando la batalla. Quizá sea un mecanismo de autodefensa del cerebro: su manera de no perder la cordura.
––Era una chica muy alegre y educada. Tenía una nariz muy bonita, respingona. No sé definirla bien, pero allí donde iba llamaba la atención. Para bien, claro. Solíamos pasear juntos por el campus y, cada jueves, si el tiempo acompañaba, nos sentábamos en un lugar apartado a comer sandwiches de Nocilla y a mirar las estrellas. Era una gran chica. 
––¿Sandwiches de Nocilla, a vuestra edad? 
Eduardo se encoge de hombros. 
––¿Hay edad para hacer o comer lo que te gusta? A nosotros nos encantaba la Nocilla, aún me gusta de hecho y, aunque no coma cada jueves, no falta un bote en mi despensa. La única diferencia es que, desde que ella se fue, ya no hay ritual para comerla. Pasé del orden al caos. En esa época incluso escribí un texto para desahogarme. Recuerdo que comparaba mi situación con una estantería llena de libros: tan ordenada y perfecta y, con un simple golpe inesperado, todo se viene abajo y se convierte en un desastre. Eso fue mi vida en los meses siguientes a que Lucía se marchara con aquel tipo. 
Un momentáneo silencio, roto por el chico: 
––¿Le guardas rencor? 
––No, creo que no. La odié durante un tiempo. Es lo normal, supongo. Deseaba que el musculitos la tratara mal, que fuera infeliz. Quería, ingenuo de mí, que se diera cuenta de lo que había perdido y regresara, triste y desamparada, a mis brazos. Ahora sé que eso nunca ocurre. Si se da el caso, en realidad hay detrás algo mucho más terrible: si regresa es porque el otro la ha dejado y no ha conseguido encontrar algo mejor por el camino y, antes de estar sola, prefiere volver contigo. Es así. Por eso estoy contento de que nunca regresase. Estoy seguro de que si lo hubiese hecho la habría perdonado y ahora estaría viviendo una mentira. O, en el peor de los casos, me hubiese hecho lo mismo y el mazazo hubiese sido doble. 
El niño cabecea. 
––Las cosas siempre ocurren por una razón. La línea del Destino está escrita de antemano. A veces se pueden cambiar algunas cosas, pero el trazado general es inalterable. Si esa chica se fue es porque tenía que irse ––asegura. 
––Ya. Una vez leí en una novela que el destino de cada uno lo escribe una niña que juega con la arena en una playa; aburrida como está, dibuja surcos en la arena con los dedos, marcando el sino de cada uno. 
––Nunca había oído una historia semejante, pero creo que es una interesante y poética manera de describirlo. 
––Ya ––repite nuestro protagonista, aunque esta vez es incapaz de ir más allá.

¡Un abrazo!

miércoles, 30 de octubre de 2013

The right side of the reality.

THE RIGHT SIDE OF THE REALITY

He was alone, lay on the bed. He was watching to the holding wall clock which made a rhythmical sound: tic, tac. All the time the same sound. Once, twice, three times. It was getting crazy to him. Beyond the window the sky was grey and it was filled with clouds. It seems like if was going to rain in a few minutes. Beside him, close to his skin, one black cat was sleeped. It was breathing calmly. There was nothing important to it. Its name was Kafka. It has been with him for six years. In fact, at the beginning, it has been with him and his wife whom name was Alejandra. However, one day, without a reason, she had disappeared. Simply, when he woke up, she had left. There were no cards, letters, messages or phone calls. Of course, he called the police and her family, but nobody knew where she could have gone. The police hadn’t any clue either. In a few months everyone had forgotten her, even her own family. Everyone thought she was dead. There even was a burial, although the coffin had been empty. Finally, He had forgotten her too.
It had been so till the last night. Just till He dreamed with her. Inside the dreamlike world, she was alive and she’s still loved him. She was like he reminded her: her long brunette hair, her blue eyes, her pale skin. She was running along a beautiful countryside filled with trees. Green grass cover any meter of the place. It was wonderful. In dreams, He ran behind her, he tried to get her, but He couldn’t do it. His legs were too heavy, like if they were made of steel or stone. He tried to reach her, but it was impossible. Finally, just before to wake up, She told to him: «If you wish to see me again and if you would like to stay with me again, you should kill the cat and eat its heart. After that, you should await for me in the right side of the reality».
It had happened one hour ago. Now, It was 3.33 am. He didn’t know that was «the right side of the reality», but He was convinced that He could find it. The first step was kill the cat and eat its heart. He had been thinking about the best way to do it. Finally, he had decided killing it with a little gum which He keeped in a wardrove. So he simply shooted it. The cat was dead few seconds later. After that, he took the cat and one knife and went to the bathroom, where he put the cat inside the bath and took the heart of the beast. With the cat’s heart in his hands, he was one minute motionless. He couln’t make any move: actually He just kill his own cat. Then He ate it. The taste of it was surprinsingly good. When He had eaten the cat’s heart, He just waited but nothing happened. Five minutes, ten, fifteen, one hour. Everything was in the same way. Nothing had changed.



He let out one sigh. Then he came back to the room, more anxious because He didn’t know what to do. Suddenly, He had an idea. He believed that He had found the answer. He took the gum, filled the bath with water, went inside and when the water covered him completely, he shooted himself.
Now, He was in the right side of the reality.


Future.

I was bored, lay on the bed, when I've tought, why don't I write something to my blog? And that is the reason why I am here writing this stupid text. In a few days, I will record a video, probably in English and Spanish, where I will talk about my published novels. Furthermore, you will be able to see and know me. You will be able to se my face, finally.

In four days, it will be five months since I arrived to London. They have been five amazing months where I've lived, worked and written aswell. Currently, I am writing two novels. One of them is a surrealistic story, the kind of book that I write. The other one is a black novel with murderers, policemen and that kind of things.



I don't know when they will be finished. I'd like to finish the surrealistic one this year. Before Christmas if it is possible. But who knows. By now, I've written 15.000 words and it will have around 40.000. So I cannot promise you anything, but hopefully I will have a new novel to the new year.

I want to tell you that I will translate my own novel in the next weeks, I am talking about Las mariposas aletean tres veces al atardecer. I'm pretty sure It is not gonna be the best translation, but I will to do as best as I could. A lot of things to do :)

I don't have anything else to say (or write), so we'll be in touch. Have a nice day, blogonautas!

domingo, 27 de octubre de 2013

Yo, Raúl.

Hola a todos, mis queridos blogonautas. Sé que os tengo abandonados, pero es que no tengo grandes cosas que contar. Continúa mi relación con la web Elretroconsolero, de la que ya van cuatro artículos publicados y un quinto está en el horno, a la espera de su momento.

En cuanto a mi vida londinense, todo va genial. Son casi cinco meses ya. Trabajando y viviendo, que no es poco. Mi inglés es bastante potable y, supongo, que irá mejorando sobre la marcha. Cuando consigues mantener una conversación con una chica de Londres y una irlandesa, la cosa va bien :)

En cuanto a mi faceta literaria, ahí sigo. Últimamente leo bastante. Terminé la bilogía de Murakami compuesta por La caza del carnero salvaje y Baila, baila, baila. Me gustaron bastante, tanto que me reconciliaron en parte con el autor. Supongo que hasta nueva decepción. Ya sabéis de mi relación amor-odio con él. Ahora estoy con El océano al final del camino, de Neil Gaiman. O, más bien, con The ocean at the end of the lane, ya que lo estoy leyendo en inglés. También escribo. Despacio, sin prisas. Tengo entre manos una nueva novela corta de corte surrealista (llevo unas 15.000 palabrejas) y una policíaca, con 10.000 palabras en su haber. Antes de final de año espero tener acabada la surrealista. La otra, ya veremos.



Ya sabéis que podéis seguirme en twitter, donde estoy mucho más activo. Aun así, prometo seguir contando las novedades que pueda haber.

¡Un abrazo!

lunes, 16 de septiembre de 2013

Colaboración con "El retroconsolero"

¡Hola, queridos blogonautas!

Hago acto de presencia para anunciar mi colaboración con una web de videojuegos retro. Admito que nunca he sido un jugón al uso, es más, la industria del videojuego ha pasado de refilón por mi vida, más centrada en los libros. Sin embargo, siempre he sido muy de Gameboy: disfruté mucho con ella y aún lo hago. Por eso he decidido escribir sobre ella y aquellos juegos que tantas horas de diversión me dieron. Una forma nostálgica de recordar viejos tiempos y de, cómo no, seguir ejercitando mi pluma en otros menesteres que no sean novelas o relatos. ¡Qué no se me olvide el periodista que soy y llevo dentro!



Os cedo mi breve presentación para la ocasión:

"Exiliado londinense de 27 años. Periodista, algo así como profesor de lengua, escritor por afición, camarero superviviente y coleccionista de chichinabo -¡también de libros!- cuya principal virtud ha sido ir cumpliendo años mientras las estanterías de su casa se llenaban de consolas y juegos. Tengo unas cuantas, sobre todo de la gran N, pero a ninguna la quiero tanto como a mi Game Boy clásica. Amante de casi todos sus juegos -soy un temerario, lo sé-, a falta de hijos confirmados, creo que es lo más cercano a un vástago que tengo.
En El Retroconsolero intentaré aportar mi granito de arena escribiendo sobre esta consola en particular. Lo haré desde un punto de vista nostálgico, obviando o casi ninguneando la parte técnica. Hablaré, en muchas ocasiones, de sentimientos más que del juego en sí. Lo que sentí en su momento y lo que siento ahora, rejugando o probando las joyas que en su momento no pude disfrutar (mis bolsillos siempre han tenido agujeros).
Nos vemos por el blog. Ya nos iremos conociendo poco a poco. Mi nombre de guerra es Bukovy".
También la web en cuestión: elretroconsolero

Muy pronto mi debut, con un artículo sobre el día en que compré mi primera Gameboy.

¡Un abrazo!

jueves, 22 de agosto de 2013

Fuera de órbita - Raúl Frías

Decidí subir el relato de ciencia ficción a Amazon. Durante los próximos cinco días, podéis adquirirlo completamente gratis :)

Relato de ciencia ficción inspirado en el mundo creado para mi primera novela, Noctalia. Se puede leer de manera independiente.

Sólo os pido un favor: si la leéis, dejadme un comentario en Amazon. Muchas gracias.



Título: Fuera de órbita
Autor/a: Raúl Frías
Año: 2013
Nº de páginas: 30
Editorial: Amazon
Temática: Ciencia ficción, misterio
Sinopsis:
Cuatro vagabundos espaciales aterrizan en un planeta, en apariencia, desértico. Sin embargo, entre sus arenas se esconde un terrible secreto. ¿Te atreves a descubrirlo?
Relato de ciencia ficción inspirado en mi primera novela, "Noctalia".

Enlace a Amazon

Un abrazo, blogonautas ;)

miércoles, 7 de agosto de 2013

Fuera de órbita

Primera parte de un relato corto (serán dos o tres partes) de ciencia ficción en clara relación con mi primera novela, Noctalia.

Por cierto, casi tenemos preparado el segundo número de Portal Ciencia y Ficción, ya os lo colgaré por aquí.

Un abrazo, blogonautas ;)

Fuera de órbita

El ­­­­­planeta se asemeja a una gran pelota de piedra azul recortada entre la negrura infinita del universo. Dos gigantescas estrellas custodian al planeta. Una es similar al Sol terrícola; la otra es de una tonalidad marina, una inmensa bola de fuego azulado. Alrededor de los tres astros principales destaca el brillo de innumerables estrellas situadas a millones de años luz. El espectáculo, por muchas veces que se hubiera disfrutado con anterioridad, no pierde un ápice de su magia, de su belleza. La grandeza de la naturaleza contra la pequeñez del hombre en estado puro.
El interior de la Ómicron bulle de actividad. Los cuatro tripulantes se disponen a ocupar sus puestos para adentrarse en el planeta primero y lograr un buen aterrizaje después. La nave, un platillo esférico de pequeño tamaño, permite maniobrar con facilidad. No por ello conviene descuidarse.
—Cabo, ¿están todos los sistemas operativos?
La pregunta surge de los labios del capitán: uno de los primeros hombres gato, como popularmente se denominó a los seres resultantes de los experimentos genéticos cuya finalidad era mejorar los sentidos y facultades de la raza humana. Su composición es, a simple vista, la de un hombre común, pero si uno se fija bien, puede apreciar dos ojos verdes profundos y centelleantes en la oscuridad, un apéndice en forma de cola situado en mitad de la espalda y unas orejas más puntiagudas de lo habitual. Los otros tres tripulantes son hombres comunes: el cabo T-265, o Tim; el alférez Cx-497, o Uwe; el ingeniero O-876, también conocido como Jean. A pesar de que los nombres se habían sustituido por números de serie —relacionados con la profesión de cada uno— alrededor del año 3000 (según el calendario terrícola), a los humanos continúan de manera informal adoptando las viejas denominaciones.

—Todo en orden, señor.
Ingeniero y alférez dan a su vez el visto bueno a la operación. La sala de control de la astronave es un concierto de pitidos mezclados con decenas de intermitentes luces de varios colores. Los cuatro tripulantes tienen sus ojos fijos en sus respectivas obligaciones. Todos son exiliados del Sistema Galáctico: «basura cuya única patria es el universo profundo». Así los definió el Primer Ministro de la Cuarta Confederación de Planetas el día de su sentencia a vagar el resto de sus días por el cosmos. Si vuelven a poner un solo pie en un planeta habitado, irán directamente a la cárcel o, en el peor de los casos, se les aplicará la pena de muerte. Desde aquel nefasto día se han dedicado a vagar por el espacio en busca de tesoros lo suficientemente valiosos como para comprar su libertad. Son buscatesoros interestelares, como les gusta definirse a ellos mismos. Sin embargo, tras cuatro años de vagabundeo, sus ánimos están por los suelos: echan de menos demasiadas cosas. Incluidas sus familias. A excepción de Uwe, oriundo del sistema Nássar, donde la familia está prohibida por ley.
—Preparados para entrar en órbita —advierte el capitán.
Es un mero formalismo. Los cuatro saben muy bien qué hacer. Ya han recorrido más de cuarenta planetas en su deambular. Por ahora, sin éxito. Apenas algunos minerales de cierto valor, pero no del suficiente como para revocar su condena.
—Sistemas preparados. Todo dispuesto para la succión y el posterior aterrizaje      —avanza el ingeniero.
El capitán asiente, satisfecho. Al menos su condena la cumple con gente capacitada. Viejos camaradas. Individuos que las han visto venir de todos los colores. Gente sin un destino claro, mecidos peligrosamente en la fina cuerda del destino. Cerca del olvido colectivo.
El planeta se acerca a gran velocidad. En apenas unos minutos, la esfera ya no es visible en su totalidad: ahora se aprecian continentes donde antes había sólo un borrón azul.
—Cabo, establezca los parámetros atmosféricos. Quiero saber dónde nos estamos metiendo.
—De acuerdo, capitán —conviene Tim, obediente.
En la pantalla aparecen las condiciones ambientales de aquel lejano y extraño planeta azul. Después de un análisis rápido, las conclusiones son claras: la atmósfera no es respirable. Las condiciones de viabilidad para el abordaje se calculan de antemano. No resultaría agradable meterse en un horno o en una nevera. La Ómicron sobrevuela ya, cada vez a menos velocidad, los cielos planetarios. El sol de fuego azul brilla en los lindes del firmamento.
—¡Preparad el aterrizaje! —grita el capitán.
Los subordinados aprietan botones, mueven minúsculas palancas y, al final, Tim responde:
—Tren de aterrizaje listo. ¡Allá vamos!
La astronave se estabiliza y comienza a girar en círculos, perdiendo al mismo tiempo velocidad. Pasan cinco minutos antes de que la nave y sus tripulantes tomen tierra con suavidad. La superficie planetaria es, en su mayor parte, un gigantesco desierto de arenas azuladas salpicado de peñascos de bastante altura. Los medidores, no obstante, no indican nada anómalo. Es un planeta desértico perdido en una zona inhabitada del universo. No se tienen datos sobre él. Sus datos no están registrados en la Red Planetaria. Acaban de llegar a uno de los muchos planetas ignotos aún no conquistados por el Hombre. Eso, por norma general, suele ser una buena noticia: al no haber sido contaminado por la raza humana, existen más posibilidades de encontrar algo de valor. «Quién sabe, quizá aquí esté nuestro salvoconducto hacia la libertad», piensa Tim mientras se despereza en su silla y se incorpora. Sus tres compañeros de exilio hacen lo propio.
—¿Estáis todos bien? —pregunta Jean, con su típica mirada indefensa, acrecentada por su rostro aniñado.
Es el más joven de todos. La edad es un dato muy relativo, pero debe de rondar los 300 años. De facciones suaves, labios finos y orejas pequeñas como las de un nuevo terrícola de quinta generación, como orgulloso afirma que es. Tiene el pelo abundante, castaño, los ojos azules, la piel pálida y unas manos largas y huesudas. Su aspecto contrasta con el de Uwe, un anciano proveniente del planeta ╔. De aspecto duro, piel de cuero y ojos achinados, su mirada sería capaz de hacer hombre de golpe a un joven imberbe. Algo pasado de peso y con una sempiterna gorra calada hasta las cejas, se limita a obedecer al capitán: sólo habla cuando es necesario y por lo general para soltar un improperio. El último de los cosmonautas, Tim, hace tiempo que alcanzó la edad madura —según su tarjeta galáctica de regulación ya ha cumplido los 530—, con todo lo que ello implica. De temperamento relajado, siempre busca la mejor solución para el grupo. Posee el aspecto estándar de un militar: ojos marrones, pelo rapado y cuerpo musculoso aliñado con algunos implantes para aumentar sus condiciones físicas. 
—Parece un ente desértico —aventura Uwe, obviando la pregunta de su camarada.
—Desértico-montañoso —apuntilla el capitán, provocando la aspereza del anciano, quien, sin embargo, decide mantener la boca cerrada.
Los tres se dirigen a la sala de despresurización, paso inevitable antes de aventurarse en la superficie planetaria. Una vez el proceso se ha completado, se embuten en sendos trajes de astronauta y pisan el arenoso suelo.
—Uwe, lanza sondas de análisis hacia los cuatro puntos cardinales: quiero saber si este planeta esconde algún tesoro maravilloso.
El alférez activa un aparato del tamaño de una pelota de tenis y pulsa varios interruptores, después suelta un enigmático «abracadabra» y una luz verde se expande a una velocidad increíble por todas partes.
—En un par de minutos tendremos los datos.
El capitán asiente y suspira. Está esperanzado con que esta vez sea la buena. La definitiva. La que les permita regresar a casa. Jean aprovecha la espera para analizar la arena.
—Producto de la erosión. En este planeta hay agua… o la hubo alguna vez            —aventura.
Tim está a punto de abrir la boca, pero la voz cortante del alférez se impone. Los datos han llegado con una conclusión tan sorprendente como inesperada.
—Señores, mucho me temo que no somos los primeros seres humanos en llegar a este planeta. Apenas ocho kilómetros hacia el Este, el apartito ha registrado una construcción humana: los restos biológicos no dejan lugar a la duda.
Las miradas del grupo se cruzan entre sí, perplejas.
—Pero eso no es posible. De ser así estaría registrado —asegura Jean, de cuclillas sobre la arena.
—La teoría también me la sé yo, pequeñín, pero esta maquinita siempre dice la verdad: aquí hubo humanos antes de que nosotros llegáramos.
El silencio cae de golpe, cruel como una noche sin estrellas. La evidencia es clara. Las dudas se han apoderado del grupo, quien espera la decisión del capitán. Resolución que no tarda en llegar:
—En ese caso, creo que es de mala educación no hacer una visita. Adelante, muchachos. Nuestros amigos del Este nos esperan.
Aunque saben que ahora están solos en aquel planeta inhóspito, que sus predecesores ya no están allí, los cuatro astronautas sienten un cosquilleo en sus estómagos, una mácula de temor, una sensación de que algo va mal, de que a su llegada no habrá pastas y café caliente.
Pero prefieren callar y seguir adelante. La esperanza es más fuerte que el peor de los temores.


miércoles, 26 de junio de 2013

Periodo de entreguerras.

Desde que estoy exiliado en Londres por motivos de trabajo (el domingo hace un mes) no he tenido tiempo de ponerme a escribir en condiciones. Me borré vilmente del MayoWrimo habiendo sido uno de sus fundadores, porque cambiar radicalmente de vida tiene estas cosas. Además estoy con el inglés a tope, leyendo y escribiendo cosillas (el comienzo de un relato largo que podéis leer justo abajo) para ganar soltura y vocabulario; eso ha hecho que escribir en español -mi única pasión verdadera- haya quedado un poco apartado, circunstancia que, por supuesto, no va a seguir así. Tengo empezada la novela parisina, de la que llevo unas 10.000 palabras, pero la voy a dejar un poco de lado porque no termino de gustarme a mí mismo: demasiado empalagosa. La retomaré en una época en que esté más enfadado con el mundo y logre quitarle un par de tono de pastel.

Por eso he decidido embarcarme en un proyecto más de mi estilo. Es también una historia de amor, pero de un amor de verdad, con sus miserias y penas. De habitaciones vacías, fotos emborronadas por las lágrimas derramadas y pistolas cargadas en la boca. También de sexo sobre encimeras y no sobre sábanas blancas mientras se susurran palabras de amor. Por ahora llevo tres capítulos escritos y no me pongo fechas porque es una historia que me gusta y quiero disfrutar escribiendo, amén de que de jueves a sábado estoy liadísimo currando. Por ahora, cuelgo el primer capítulo para abrir boca y escuchar, si la hubiere, alguna opinión.

Abrazos para todos, blogonautas.

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Contemos una historia. Una historia de príncipes y princesas donde, por supuesto, no hay ni unos ni otras. Un relato protagonizado por hombres y mujeres como tú y como yo en una ciudad sin nombre. Aunque si el encajonamiento del género narrativo nos obligase a delimitar —que no lo hace—, digamos que la acción transcurre en Londres. Quizá en París. No, París, no. Pensándolo con mayor detenimiento, dejemos Londres como ciudad candidata. Imagínensela en todo su esplendor; con sus cielos nublados, sus caras tristes, sus melancólicos vagones de metro, sus sirenas en mitad de la madrugada y su lluvia sempiterna. París tiene demasiada luz como para servirnos de escenario. Además, para ayudarnos en la decisión de decantarnos por una u otra, Paris es la ciudad del Amor —así, con mayúsculas—, por lo que conviene descartarla. ¿Por qué? Sencilla es la respuesta: porque la nuestra es una historia triste. O que comienza triste, al menos. Quizá el final lo arregle todo y los personajes terminen cenando perdices, caballa o una ensalada mixta. El menú es lo de menos en este caso. También cabe la posibilidad de que el final sea aún más triste que el principio. Quién sabe. Todo a su debido tiempo. Por eso os pido que continuéis ahí, página tras página, hasta el cierre de esta historia de un amor posible entre un chico y una chica.
El primer escenario es un cementerio. Uno pequeño, pobre, de barrio obrero. En su interior no hay ni rastro de gigantescos mausoleos o artísticas lápidas con ángeles esculpidos en sorprendentes escorzos. En este camposanto no hay nada de eso. Cuando uno es pobre en vida, también lo es en la muerte. Si uno se fija bien, lo más hermoso que puede contemplar son gigantescos cipreses cuya sombra, cómo no, es alargada como la propia muerte. El resto del espacio lo ocupan hileras de nichos y algunas tumbas de piedra. Alrededor de la más reciente hay congregadas aproximadamente veinte personas de diferentes edades. En el grupo está el príncipe sin corona ni sangre azul de esta historia. Sin embargo, aún no es el momento adecuado para introducirlo. Hablemos antes de la escena, de la muerte, del cementerio. El cielo está gris, turbio, vestido a juego con las circunstancias. Un cura corto de estatura pero de voluminosa panza recita en latín una retahíla que se pierde entre el sollozo general y el llanto desesperado de una madre destrozada. Tenía veinticinco años, un pisito de alquiler en el Este y un trabajo como repartidor que le permitía vivir sin alardes pero también sin grandes estrecheces. Por eso nadie comprendió que de la noche a la mañana decidiera acabar con su vida. Se llamaba David. Llegados a este punto, hagamos un pequeño inciso. Tan innecesario como válido. Otra vez los rigores narrativos. Hemos elegido Londres como escenario de la acción, aunque en la práctica no sea más que un marco narrativo, una excusa para poner fotografías en color a las descripciones concretas —quizá le fuese mejor el blanco y negro—. Por eso los actores de esta obra tienen nombres españoles. Por otro lado, también podían ser españoles viviendo en Londres. Yo conozco a más de uno. Pero no nos perdamos entre lejanas ramificaciones y establezcamos definitivamente el marco espacial y temporal de esta historia: una ciudad sin nombre que bien podría ser Londres y un año cualquiera de este joven siglo veintiuno. Aclarados los puntos, regresemos al cementerio y al suicidio de David, que por ahora es lo que de verdad importa. Nadie entre sus familiares, amigos y conocidos se explica qué llevo a un chico sano de veinticinco años a comprarse una pistola y pegarse un tiro en la cabeza. La nota de suicidio tampoco lo aclaró. David había dejado apenas unas líneas escritas a mano en un folio arrugado —y manchado a posteriori con gotas de sangre— sobre la encimera de la cocina. Sí, decidió pegarse un tiro en la cocina, sentado sobre un taburete. Supongo que hay sitios más cómodos, incluso más románticos donde pegarse un tiro. Pero eso son ya manías de cada uno. David prefirió hacerlo en el mismo lugar donde preparaba la comida o donde —es probable— se había acostado con muchas mujeres. La nota, por cierto, decía lo siguiente:
«No es culpa de nadie, simplemente me he cansado de vivir. Os quiero mucho a todos. Nos volveremos a ver. Prometido».
La promesa final era, quizá, el mayor desconsuelo de la madre. David siempre prometía cosas que nunca llegaba a cumplir. Desde cosas simples como cortarse el pelo o apuntarse al gimnasio, a otras de mayor calado como sentar la cabeza o terminar de una santa vez la carrera de derecho, de la que sólo le quedaban seis asignaturas. Seis optativas que lo acompañaban desde hacía tres años. Por eso, al leer la última carta que le iba a escribir su hijo, sintió una fría punzada en el corazón, pues supo de inmediato que jamás lo volvería a ver, a tocar, a besar, incluso a reñirle. Su hijo estaba muerto en este vida y, si la hubiera, también en la siguiente. Ésos eran sus últimos momentos juntos antes de que David descansara eternamente bajo la descolorida tierra. La muerte, cuando llama, sea en la forma que sea, es para quedarse. No hay segundas oportunidades. Si decides meterte un cañón en la boca y apretar el gatillo, el juego acaba en lo que tarda la bala en destrozarte el cerebro. Eso precisamente hizo David, el entrañable y mujeriego amigo de la infancia de Roberto, nuestro príncipe.
Ya nos toca presentarlo. Metro ochenta, delgado, pelo moreno enmarañado, gafas para corregir una terrible miopía, ojos marrones oscuros, casi negros, cejas finas y labios anchos, pero sin pasarse. Un conjunto atractivo, aunque sin llegar a los cánones de belleza. Un muchacho normal de veinticuatro años, de ésos que abundan en cualquier ciudad del mundo: en nuestro no-Londres, en Bangladesh o en Manila. No está llorando, pero sus nerviosos movimientos de manos y piernas descubren la pena y congoja que acumula en el pecho, donde siente un nudo que aprieta cada vez más fuerte. Cuando uno ve de frente la muerte, se encara con ella hasta ser capaz de oler su perfume, se da cuenta de la insignificancia de su existencia, una existencia que terminará un día como ha acabado la de David. En esos momentos uno se hace muchas promesas («viviré a tope», «disfrutaré cada segundo») que luego se pierden en el estúpido e irrefrenable fluir de los segundos. Ese despreciado tictac del segundero que, un día, dejaremos de oír y no habrá sonido que más echemos de menos. Otra vez yéndonos por las ramas. Allí está Roberto, con la mirada fija en el suelo de tierra, sintiéndose como un extraterrestre en planeta lejano: oye pero no escucha, siente pero no entiende, llora pero no le salen las lágrimas. Está encerrado en un cubo irreal, una burbuja de aire que lo aísla de un mundo cada vez más miserable.
El cura termina su perorata y da orden a los enterradores para que carguen el féretro hasta el agujero cavado horas antes por ellos mismos. Es el fin común: fuego o tierra y gusanos. Terminado el ritual, religioso y empleados se retiran sin hacer ruido, como sombras surgidas de los grandes cipreses que regresaran al calor de su hogar. Allí queda el grupo de familiares y amigos, un rumor de llantos y gimoteos sin control. La madre abatida llora sin consuelo sobre el hombro del padre, un cincuentón rechoncho, calvo y bigotón al que se le escapan las lágrimas a trompicones. Todos de negro impoluto, como una procesión funesta. Roberto, una estatua de cera más hasta entonces, siente de pronto un tacto inesperado, suave, tembloroso. Unos dedos finos y pálidos se han entremezclado con increíble precisión entre los suyos. Confundido, el muchacho eleva la vista, pincha la burbuja y localiza a una chica joven, de unos diecisiete años, tan bonita que dan ganas de retratarla, de escribirle algunos versos. Pelo largo, moreno y liso; pálida de piel. Ojos agrisados, aunque verdes en origen. Nariz pequeña y respingona, labios finos, rosáceos; como sus mejillas. El vestido no permite apreciar con claridad sus curvas de mujer, pero se intuyen formas estilizadas bajo la tela negra. Roberto la contempla embobado, sin saber cómo reaccionar. Ella esboza una sonrisa triste, lo mira fijamente, aprieta con fuerza su mano.
Ahí está nuestra princesa.

domingo, 23 de junio de 2013

You should cry, little girl


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The night fell down suddenly, like a lonely star which has decided to die. A softly wind was blowing from the East. There was one tramp dog seeking in the rubbish, maybe it hoped to find one piece of meat. Who knew? The moon was a big white piece of rock. Its light was dusty, sticky, cold. A few stars were putting up from the sky. The silence flew along the streets like a dense shadow. One dark crow —even darker than the own night— seemed how if it was watching the lonely city. Loneliness, that is. An uncontrollable feeling about loneliness. Many spoiled flats were struggling to stand up. The bloody city. The crow cawed in any far place across the darkness.
He arrived to Whispering Cross six months ago. It was a unfortunate day of August. A yellowy fog was near him all the way. He had to think about it. How did not see the terrible omen? Since then, Douglas Hooper have been living into the city. That is the truth. In fact, he can´t come out from the city. It is impossible. Nobody can do it. When somebody becomes in a Whispering Cross citizen... It is forever. This bloody city, Douglas thought leaned against the window. It was raining. Thin drops taking down, hitting against the glass.
Where are you? —he muttered. Then he let out a long, deep sight.
Few seconds later, Douglas went back into his apartment. There was no furniture barely. One brown leather sofa, two wooden chairs, one shelve and a little kitchen where to cook seemed impossible; anyway, he needn’t cook. It was a stupid way to waste his time. So he feeded himself with fast food. Of course, there was one bathroom. Anyone needs a bathroom. The crow was in the sill. He guessed it had flown from the depths of hell. The crow was gazing to Douglas like if it wants to say something and it didn’t find the precise words. What could want a lonely dark crow?
Bloody and rotten city —he shouted meanwhile he knocked the wall.


The crow, scared about the sudden noises, flew over the roofs, losing itself through the skinny light pulled out from the moon. The loneliness returned with her sad red eyes. All he could see outside the window were poverty, sadness, abandonment. Douglas had seen a lof of things in the last six months. His wife had dissapeared in a strange way. After that, he started his own research. His neighbours were helping him at the beginning, but only two weeks later they forgot the affair. Suddenly. Hilda -it was her name- vanished like whether she had never existed.
Of course, there were nobody in the streets. Loneliness. The word floated in the air like a balloon. Douglas took a deep breath and rubed his tired eyes. He needed to rest. Maybe if he slept for ten hours, he will be able to think better. Perhaps.
With his head fill up to many stuffs, he layed down on the sofa and closed his eyes. A few minutes later, he slept deeply. 

miércoles, 19 de junio de 2013

You should cry, little girl

Os traigo el comienzo de mi primer relato en inglés. No sé cuánto ocupará ni cuándo lo acabaré. Espero que pronto. Es una temática extraña, a medio camino entre el terror y el surrealismo. Vamos, en mi línea. El mismo título tiene ya su aquél. No lo he corregido demasiado, por lo que es probable que tenga varios errores. Sois libros de facilitármelos. Supongo que, de primeras, es un inglés muy españolizado.

You should cry, little girl

The night fell down suddenly, like a lonely star which decided to die. A softly wind was blowing from the East. There was one tramp dog seeking in the rubbish, maybe it hoped to find one piece of meat. Who knew? The moon was a big white piece of rock. Its light was dusty, sticky, cold. A few stars were putting up from the sky. The silence was flying along the streets like a dense shadow. One dark crow —even darker than the own night— seemed how if it was watching the lonely city. Many spoiled flats were struggling to stand up.  The bloody city.
He arrived to Whispering Cross six months ago. It was a unfortunate day of August. Since then, Douglas Hooper can´t come out from the city. This bloody city, he thought leaned against the window. It was raining. Thin drops taking down, hitting against the glass.
—Where are you? —he muttered.
Few seconds later, Douglas returned into his apartment. There was no furniture barely. One brown leather sofa, two wooden chairs, one shelve and a little kitchen where to cook seemed impossible; anyway, he needn’t cook. It was a stupid way to waste his time. So he feeded himself with fast food. Of course, there was one bathroom. Anyone needs a bathroom. The crow was in the sill. It was gazing to Douglas like if it wants to say something and it didn’t find the precise words. What could want a lonely dark crow?
—Bloody and rotten city —he shouted meanwhile he was knocking the wall.

The crow, scared about the sudden noises, flew over the roofs, losing itself through the skinny light pulled out from the moon. 

Dance, dance, dance...

I arrived to London almost three weeks ago. I arrived with my head in the clouds and my pockets full of dreams. The first night here, I slept in a dump, whom manager was a Pakistan asleep guy. The next day began tremendously: I made 300 cv and lot of km. The day ended... and my feet were destroyed. So passed two days more until Thursday, when I went to a night club called Mirabella. The manager told to me: "Come at 8 o'clock". So I went there and I worked six hours. I finished very tired, however, I did my work quite well and the boss took on me. Since then I have been working four days peer week and I am really happy about my new life. I have a 17 months contract. Now, as well as my pockets full of dreams I have pounds :) As I work four days peer week (tuesday, thursday, friday and saturday) and my days off are monday and wednesday, I go out on Monday and Wednesday. Here there are a lot of people, it doesn't matter if is Monday. I hope to change my home in a few weeks, I want a single room. I am living in East London, near of Mile End tube station. It is an awesome place. There are lot of shops, fast food restaurants and a huge park... ¡Oh! By the way, today is wednesday :)


domingo, 5 de mayo de 2013

Creación de una novela.

Tal y como hizo Reverte, pero con el escudo de mi anonimato (o casi), voy a crear un nuevo apartado del blog donde iré detallando los pormenores de la escritura de mi próxima novela, cuya fecha de partida es el próximo 10 de mayo. Será entonces cuando comience el Mayowrimo y yo me enfrasque en esto de darle a la tecla. No sé qué saldrá de aquí, pero me servirá para liberar tensiones y detallar un proceso que, quizá, interese a unos pocos (o muchos, quién sabe). Supongo que colgaré fragmentos, relataré anécdotas de la escritura y me frustraré con los problemas que vayan surgiendo.

Escribir una nueva obra bien merece todos mis desvelos, sufrimientos y desesperanzas.


Una foto del lugar de trabajo. Un abrazo, blogonautas ;)

jueves, 25 de abril de 2013

Mayowrimo.

Después de casi un mes de ausencia, vengo cargado de novedades. Os suelto la primicia: quizá vuelva a la publicación en papel. Estoy a la espera de recibir el contrato, revisar las condiciones y valorar si merece o no la pena. La novela en cuestión es El sueño de la mariposa, mi única obra inédita.

Más cosas. Durante esta semana tenéis Ciudad de piedra gratis en Amazon. Es mi particular regalo para celebrar El Día del Libro. De momento lleva un ritmo impresionante: es la 15 más descargada de la página.

Ya, por último, el verdadero motivo y propósito de la entrada. El otro día tuve una idea. Os la comento. He iniciado un movimiento (en dos foros) con el apoyo de varios escritores relacionado con el famoso Nanowrimo, cuyo fin es escribir una novela. El reto es alcanzar 80.000 palabras (unas 1.334 al día) desde el 10 de mayo al 10 de julio. Puede ser una historia completa o no. No hay reglas en ese sentido. Sólo escribir y escribir hasta llegar al mínimo, las mencionadas 80.000 palabras.

Sobre mi novela prefiero no desvelar demasiado. Sólo diré que se ambienta en el París bohemio de 1920 y que es una historia de amor con toques surrealistas. Cómo no ;) Ah, el principio, también puedo dejaros el inicio:

"La lluvia tiene un componente mágico. Posee la capacidad de embellecer una ciudad, de reverdecer un paisaje, de imbuir nostalgia a una vieja foto en blanco y negro".



Aquí los foros donde poder participar (también podéis hacerlo a través del blog): Abretelibro  y Forokd

¿Os animáis?

viernes, 29 de marzo de 2013

Proyectos.

¿Recordáis mi proyecto de La séptima esquina? Bien, pues la cosa cambió finalmente hasta convertirse en una revista digital dedicada al género de la ciencia ficción. El proyecto es conjunto y, al final, soy un mero participante (escritor de relatos, corrector de estilo y futuro entrevistador), pero estoy orgulloso de la revista como si fuera sangre de mi sangre -valga la expresión en estos días-. Sin más preámbulos, os dejo enlaces e información.




CONTENIDOS de la revista

01. Índice y Nota de la redacción
02. Relato: El ángel exterminador - Raúl Frías
03. Ilustración - Francisco Javier
05. Entrevista: Jon Mikel Caballero (Director) - Víctor Vila
10. Artículo: Transhumanismo - Nieves Delgado
15. Relato: Estación espacial UVR - Víctor Vila
17. Dibujos - Francisco Javier
18. Videojuego: Proyecto Nemesis - Víctor Vila
19. Cine: Blade runner - Koldobika Ascaso
23. Relato: La pregunta correcta - Nieves Delgado
28. Entrevista: Fedor Yanine (Novelista) - Víctor Vila
33. Dibujos - Francisco Javier
34. Relato (Serie): Esperanza - Danny Díaz
37. Artículo: Chips cerebrales inminentes - Víctor Vila
39. Relato: La condena - Nieves Delgado
41. Videojuego: Mass Effect - Danny Díaz
47. Relato: Multiverso - Fedor Yanine
55. Cine: Prometheus - Víctor Vila
57. Artículo: Edad de oro del Software Español - Carlos Climent
60. Ilustración y dibujos - Francisco Javier
61. Participantes de la revista.


CÓMO PARTICIPAR en futuros números

Tenemos un subforo llamado "Revista Digital Nº2", que sirve de mesa de trabajo para la revista. Allí la gente que se ha registrado en nuestro foro abre un hilo (botón “Nuevo Tema”), y publica su propuesta. Luego los registrados van votando y al final, los trabajos mejor puntuados serán seleccionados para ser publicados en el próximo número. El procedimiento es pues completamente democrático y no sujeto a amiguismos. Ese subforo solamente pueden verlo los registrados del foro (gente interesada en el tema, ya que no es cuestión que cualquier visitante pueda ver los futuros contenidos de la revista y sus entrañas). La dirección del foro.

CONTENIDOS para el próximo número

Si estás interesado en colaborar en alguno de los siguientes apartados, anímate y participa con nosotros;
1.CINE:
Crítica de alguna película o artículo sobre cine. 
2.CIENCIA:
Noticias acerca de algún avance significativo, y artículos/ reflexiones sobre tendencias científicas.
3.RELATOS:
Que no sean muy extensos (máximo de 6 páginas), sobre el género. No necesariamente inéditos, pero preferiblemente que no hayan circulado mucho.
4.ILUSTRACIONES:
Participa con algún dibujo o ilustración.
5.CÓMIC:
Reseña sobre algún cómic interesante o participación con viñetas propias.
6.LITERATURA:
Reseñas literarias. o artículos sobre literatura
7.ENTREVISTAS:
Se admiten propuestas de entrevistados. Puedes participar también en las preguntas.
8.OPINIÓN:
Artículo de opinión acerca de algún tema relevante del mundillo. 
9.EVENTOS:
Haz la crónica de algún evento; explica tu vivencia, aporta fotos, etc.
10.VIDEOJUEGOS:
Presenta tu propio juego, o haz un artículo/análisis de un videojuego interesante.
11.POESÍAS
Participa con alguna poesía del género.

Todos los contenidos de la revista se ajustarán única y exclusivamente al género de Ciencia Ficción o en su defecto, en la Fantasía (incluyendo hibridaciones con otros géneros).

Si tienes alguna duda, puedes preguntar desde el foro o por email portalcienciayficcion@gmail.com , y te contestaré encantado.

Enlace descarga en diversos formatos aquí


Un saludo, blogonautas ;)


domingo, 24 de marzo de 2013

Reseñas.

Feliz domingo, blogonautas. Hoy me he levantado de buen humor por las noticias que he encontrado. Las mariposas aletean tres veces al atardecer sigue en los puestos más altos en Cifi y, además, ha salido la primera (y excelente) reseña de A través del espejo. Para acabar de redondear la mañana, me han hecho una entrevista para la facultad de periodismo de la Universidad de Valencia. Ahí es nada.

Copio tal cual el contenido de la reseña.
"Últimamente tengo la sensación de que todo lo que leo es más de lo mismo, aunque aparezcan algunos toques novedosos siento que al final todo acaba deslizándose por el mismo hilo pero A través del espejo ha roto esa rutina lectora y me ha hecho despertar en un sueño mágico y lleno de sorpresas que han conseguido levantar mis pies de la realidad.
Y es que fue leer el preludio y darme cuenta de que esta novela era justo lo que necesitaba, esa ambientación tétrica y oscura envuelta en un halo de misterio que no te permite desengancharte de sus páginas. De hecho, ya sabéis que soy bastante arisca con esto de leer en digital (me tengo que acostumbrar, lo sé) y aún así he devorado el libro en  un par de noches. 
A través del espejo nos invita a viajar por un mundo en el que conocemos a personajes de lo más curiosos. Nos movemos por un paisaje en el que no existe color y cada habitante que encontramos es más extraño que el anterior. Además, también volvemos atrás para conocer el pasado del protagonista (adoro los flashbacks *.*) y nos encontramos con una historia cruda pero que a la vez tiene un toque de esperanza.

Es una novela con la que no sabes a donde vas a ir a parar, pero está escrita con tal armonía que simplemente te dejas llevar. 
Suspira, ordena sus ideas. En teoría sólo tiene valor suponiendo que esté muerto. Nuestro protagonista hace memoria y, desde que cruzó el espejo, la sensación de haber perdido la vida se ha ido desvaneciendo. Cuando despertó en el sillón, supo que había fallecido. Ahora ya no lo tiene tan claro. Varios indicios siguen apuntando en esa dirección, pero los encuentros con los variopintos personajes del camino y el bosque, la sensación de conciencia temporal que demostraron, le hacen plantearse otras hipótesis. También los periodos de entre lunas. Nuestro protagonista mira hacia el negro cielo: junto a la quinta estrella (tan blanca que parece hecha de papel), brilla una luna de mayor tamaño; en una equivalencia terrícola, estaría en su fase de cuarto creciente. Además de la muerte, continúa discurriendo, se le ocurren varias posibilidades: tal vez se halle dentro de un sueño, o quizá simplemente se haya vuelto loco o caído en coma. Cualquiera de las tres opciones le parece tan acertada e inverosímil como aceptar que ha muerto. ¿Por cuál decantarse? ¿Tiene acaso la posibilidad de elegir? Sólo contempla una posibilidad: seguir adelante. Siempre adelante. 
Pues nada, no me enrollo más que con esto de la llegada de la primavera estoy muy entusiasta y si me dejo llevar hago una entrada kilométrica y no me lee nadie. Os recomiendo muchísimo esta novela, sobretodo si os apetece leer algo diferente, con una ambientación excelente y varios mensajes que captar entre líneas".  

Un abrazo para la administradora del blog, Mel :)

sábado, 16 de marzo de 2013

A través del espejo - Raúl Frías


Os traigo mi nuevo proyecto, una novela muy personal de temática onírica, surrealista. También hay mucho de misterio y algo de terror. A todos aquellos que le deis la oportunidad, un millón de gracias y, de corazón, espero que la disfrutéis.

Sólo os pido un favor: si la leéis, dejadme un comentario en Amazon. Muchas gracias.



Título: A través del espejo
Autor/a: Raúl Frías
Año: 2013
Nº de páginas: 156
Editorial: Amazon
Temática: Surrealismo, misterio, terror
Sinopsis: Un viaje onírico al mundo tras el espejo. Una odisea personal en busca de superar viejos fantasmas, de conocerse a uno mismo. Una travesía imposible por paisajes irreales, oníricos, donde la lógica no existe y las cosas no siempre son lo que parecen. ¿Te atreves a cruzar al otro lado?

Enlace a Amazon

Un abrazo :)

domingo, 10 de marzo de 2013

Reseñas.

Os traigo una nueva reseña de Las mariposas aletean tres veces al atardecer. El viernes alcanzó de nuevo el tercer puesto entre las novelas más vendidas en la categoría de ciencia ficción. Nunca deja de sorprenderme. Pego el texto tal cual.

Ya he terminado de escribir A través del espejo. Al final han sido 42.000 palabras, que no es poco. Ahora toca darle los últimos retoques y, a lo largo de la semana que viene, hará su debut en Amazon. 

"En mi opinión, tiene un buen argumento, me explico, el cómo está compuesta la historia de que a través de los distintos despertares el protagonista cada vez va descubriendo un poco más de lo que ha sucedido y de así alcanzar la verdad me parece muy interesante, y de hecho me parece que habría podido dar para una novela un poco más larga ya que ésta tiene apenas 45 hojas.

Para mí, es una novela que mantiene el interés de principio a fin, ya que al principio descuadra un poco por lo diferente que es del resto de las novelas que, por lo menos yo, había leído hasta el momento y esto te lleva a seguir leyendo para ver en qué va a desencadenar la historia. Y, aunque al principio estás un poco perdido porque no sabes qué está pasando y no coges bien el hilo a la historia, cuando en un par de capítulos entiendes que siempre la historia es la misma pero que cada vez se descubre un poco más, la historia te va enganchando por lo diferente e intrigante y por querer descubrir cómo ha llegado el protagonista a esa situación.

Además, la incursión en la novela de algún personaje histórico con el que el protagonista mantiene una conversación, también me parece un elemento interesante que refleja la admiración y pasión del autor por los grandes autores literarios. 



También me parece llamativo cómo está narrada la micronovela, con ese narrador que nos cuenta la historia desde fuera, con frases cortas, como si estuviéramos observando al protagonista.

El final me ha parecido genial. Nunca puedes llegar a imaginar que el libro va a terminar así, ya que nada lleva a presagiar algo relacionado con ese final hasta que llegas a él. Un final que, dentro de que es ciencia ficción, es muy acorde con el resto de la historia a la par que es sorprendente.

En resumen, es un libro marcado por la ciencia ficción y el surrealismo pero aún siendo yo una persona a la que no le gusta especialmente leer estos géneros, ha sido un relato que me ha parecido fácil de leer, entretenido, intrigante y que engancha hasta el final pero del que creo que se hubiera podido sacar una historia un poco más larga ya que el argumento creo que es bueno".

Gracias a Concha, del blog de Lector a lector por tan grata reseña.